La tiza chirría si no la sujetamos de forma adecuada, ya que puede que no se deslice correctamente por la pizarra, desplazándose a saltos. Las bruscas interrupciones en el movimiento causan pequeñas imperfecciones en la punta de la tiza, (responsables del chirrido). La vibración se transmite a la pizarra, que la amplifica como una tabla armónica. La alta frecuencia del sonido se debe a las pequeñas dimensiones de la tiza.
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